
El consultor Alberto Benítez Tiburcio analiza cómo la toxicidad en redes sociales se ha convertido en una estrategia rentable para ganar visibilidad e intención de voto

La política del insulto se ha consolidado como una tendencia creciente en el entorno digital, donde la agresividad parece obtener resultados tangibles en términos de visibilidad y respaldo electoral. Alberto Benítez Tiburcio, consultor de cabecera de Heraldo Radio Oaxaca, advirtió sobre los riesgos de normalizar este comportamiento, señalando que la interacción en plataformas digitales premia la confrontación por encima del debate argumentado.
Para comprender este fenómeno, el especialista citó el estudio denominado La política del insulto en la era de las redes sociales, realizado por Elliot Mott. Dicha investigación analizó millones de publicaciones y reacciones para medir el impacto de los mensajes clasificados como tóxicos en la percepción pública de los candidatos.
El hate permite llegar a más personas
El autor del estudio define como tóxicos a aquellos comentarios rudos, irrespetuosos o irrazonables que, de ser expresados frente a frente, provocarían que cualquier persona abandonara la conversación. Según los hallazgos, esta estrategia no solo aumenta la viralidad, sino que tiene efectos directos en las preferencias de los usuarios.
«El estudio también encontró, lo más preocupante, que después de un pico inusual de mensajes tóxicos, la intención de voto por el representante que había lanzado estos tuits aumentaba 2.4 puntos porcentuales durante la semana siguiente».

Aunque los datos provienen de representantes estadounidenses, Benítez Tiburcio enfatizó que este escenario obliga a reflexionar sobre los incentivos que genera la atención digital en México. El consultor subrayó que los políticos adaptan sus mensajes a las señales que los ciudadanos envían mediante sus interacciones, compartidos y votos.
«No es más que un juego de incentivos, los políticos solo están reaccionando a lo que los ciudadanos están premiando».
Del algoritmo a las urnas: el impacto de la polarización en la democracia
Ante este panorama, el especialista hizo un llamado a recuperar el decálogo democrático, priorizando la verificación de información antes de reaccionar con indignación. Destacó que el objetivo no es censurar la crítica fuerte, la cual es indispensable en una democracia, sino elevar el nivel del intercambio público.
«Lo que conviene dejar de premiar, y eso nos corresponde a nosotros ciudadanos, es el ataque tóxico que reemplaza al argumento».
Finalmente, Benítez Tiburcio concluyó que la ciudadanía tiene el poder de transformar el ecosistema digital al detenerse a evaluar si un mensaje aporta información verídica y respeta los límites del trato humano, evitando así que la toxicidad dicte el rumbo de la conversación pública.

Por MATÍAS DOMÍNGUEZ



