El origen de la matraca va de los templos medievales a las fiestas patrias en México. Descubre la historia de este juguete popular mexicano.

A 27 de agosto del 2025.- La historia de la matraca es un viaje fascinante que une lo religioso, lo popular y lo festivo. Nacida como sustituto de campanas en ritos medievales, llegó a América durante la Colonia y en México se transformó gracias al ingenio artesanal.
Hoy, la matraca resuena con fuerza en las fiestas patrias, donde su sonido acompaña los gritos de ¡Viva México! y la alegría de septiembre.
¿Cuál es el origen de la matraca?
Las primeras matracas surgieron en pueblos de ascendencia oriental y fueron adoptadas en la Europa medieval. Ya en el siglo VII se utilizaban en Semana Santa, cuando el uso de campanas estaba prohibido, para anunciar los oficios religiosos. Su sonido seco y repetitivo marcaba los ritos de la Pasión, sustituyendo a las esquilas con un aire solemne.
Cuando llegó a tierras americanas con la Colonia, la matraca se desligó poco a poco de su carácter exclusivamente litúrgico. En la Nueva España, como ocurrió con otras expresiones culturales, adquirió un sello propio.

En México, el ingenio indígena y criollo dio a la matraca una nueva vida. Mientras en Europa era un objeto austero, aquí se convirtió en juguete, adorno y presente. El artesano novohispano la convirtió en una pieza que podía ser tan sencilla como una tabla de madera, o tan lujosa como una obra de platería o marfil.

En su obra El libro de mis recuerdos, García Cubas recordaba que en el siglo XIX, una Semana Santa sin matracas habría sido impensable: los vendedores o matraqueros se mezclaban entre las multitudes desde el Domingo de Ramos, y el desagradable ruido de las grandes matracas llenaba las calles tras el silencio de los templos. Lo que para algunos era estrépito, para otros era júbilo, fiesta y tradición.

Su uso en las fiestas patrias
Más allá de lo religioso, la matraca se convirtió en juguete infantil y también en delicado obsequio de amistad o amor. Su doble carácter —popular y refinado— la convirtió en un objeto entrañable que ha acompañado la vida cotidiana de los mexicanos durante siglos.

Con el tiempo, la matraca dejó de estar ligada únicamente a la Semana Santa y pasó a las celebraciones cívicas y populares. En el México moderno, su sonido es inseparable de las fiestas patrias: acompaña desfiles, kermeses, partidos de béisbol y sobre todo la noche del Grito de Independencia.
En plazas, jardines y calles iluminadas por fuegos artificiales, el retumbar de las matracas marca el ritmo de los ¡Viva México!, recordándonos que la identidad nacional también se expresa en objetos sencillos que logran reunir a la comunidad en torno al ruido festivo.
Fuente: MX DESCONOCIDO




