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El Teatro Juárez “explota” con la música de la ópera “Adriana Mater”

El Estudio de Ópera de Bellas Artes y la Orquesta Juvenil Universitaria Eduardo Mata le dieron vida a esta obra de Kaija Saariaho que llega por primera vez a Latinoamérica

Yonas le apunta en la cabeza con una pistola a otro hombre, lo tira al suelo e intenta matarlo. En sus ojos se le ve el odio que le tiene y en su voz la rabia y el dolor que guarda por lo que hizo. Ese otro hombre es Tsargo, su padre, quien hace 17 años violó a su madre durante la guerra.

La escena es parte de la ópera “Adriana Mater”, de Kaija Saariaho, y Yonas y Tsargo son Osvaldo Martínez Salas y Guillermo Montecino, del Estudio de Ópera de Bellas Artes, quienes junto con la Orquesta Juvenil Universitaria Eduardo Mata, están estrenando esta obra en la edición 54 del Festival Internacional Cervantino. 

La música, dirigida por el director José Areán, envuelve a todo el público del Teatro Juárez en una atmósfera bélica, entre tensión, destrucción, desesperanza y dolor, pero al mismo tiempo amor y ternura. La guerra que sobre el escenario está pasando no tiene fecha ni lugar, lo que la hace universal. 

Los metales y las percusiones suenan con poder, estallan y rompen con el momento creando tensión, así como sucede en la guerra misma, donde todo puede cambiar en un instante. Marcan el miedo y acentúan los momentos más dolorosos de la ópera, como cuando es agredida la joven Adriana. 

El público se vuelve parte importante de lo que está ocurriendo en el escenario, suspira, hace pequeños ruidos, claro, todo con la mesura que demanda un recinto como el Teatro Juárez. Algunos flashes se escapan de entre la gente; “guarden esos celulares”, se escucha decir por ahí en un tono susurrante. Pero se entiende, el público quiere guardar lo que ahí está ocurriendo. 

Durante el intermedio, las voces del público toman fuerza. Ahora son las protagonistas del lugar. “¿Está muy intensa, no?”, se preguntan entre ellos. Otros mueven las manos y se tocan el corazón para explicar lo que ahí está pasando. Muchos otros no aguantan y se salen. “No es para mí”, dice un señor.   

Es la primera vez que “Adriana Mater” llega a Latinoamérica. Su estreno fue en la Sala Miguel Covarrubias de la UNAM, luego pasó por el Centro Cultural del Bosque, en la Ciudad de México, y ahora Guanajuato está siendo parte de su historia. Una que es cruda, pero real, y que nos hace preguntarnos hasta dónde la guerra podría cambiar quienes somos. 

Adriana, por ejemplo, se pregunta si su hijo, producto de una violación será como Caían o Abal, y el público está por descubrirlo. ¿Tendrá el valor de matar al hombre que violó a su madre o lo perdonará porque es su padre? Esa tensión se vive sobre el escenario. 

Pero no todo es tan trágico como se lee, hay momentos de ternura y vulnerabilidad entre una madre y su hijo que luchan por ser más que sólo un acontecimiento. Los violines y las cuerdas ayudan con sus sonidos delicados y la flauta da esperanza con sus notas tan particulares. Un cúmulo de emociones explotan en el escenario y el Cervantino es parte de eso.

Por JOSÉ PABLO ESPÍNDOLA

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