Especialistas del INAH informaron que los vestigios hallados en febrero pasado debajo de la calle 5 Norte de Atlixco, Puebla, datan de los periodos Clásico y Epiclásico (200-900 d.C.) y revelan que el asentamiento prehispánico ocupaba un área mucho mayor a la que se tenía identificada, siendo contemporáneo de Teotihuacan y Cholula.

A 27 de marzo del 2026.- Especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) informaron que los vestigios hallados en febrero pasado debajo de la calle 5 Norte del centro histórico de Atlixco, Puebla, cuya antigüedad se remonta, por lo menos, a 1 mil 500 años, arrojan nuevos datos sobre la secuencia ocupacional de la ciudad.
Los restos de una plaza ceremonial localizados durante las labores de rehabilitación de drenaje y agua potable del gobierno municipal, datan de los periodos Clásico y Epiclásico (200-900 d.C.), y guarda relación, en materia de sistemas constructivos y temporalidad, con los materiales encontrados hace pocos años en la Plazuela de la Danza Huey Atlixcáyotl, en el cerro de San Miguel.
El director del proyecto arqueológico e investigador del Centro INAH Puebla, Carlos Cedillo Ortega, señaló que los vestigios indican que el asentamiento prehispánico de Atlixco ocupaba un área mucho mayor a la que se tenía identificada, y corrobora su importancia durante las temporalidades mencionadas, siendo contemporánea de Teotihuacan y Cholula.
La codirectora del proyecto, Gabriela Serrano Rojas, informó que la estructura mide 49.8 metros de largo y tiene, al menos, tres etapas constructivas mayores, evidenciadas por muros y pisos estucados sobrepuestos, así como por núcleos constructivos hechos con bloques de tepetate y cantos de río.
El piso estucado de la primera fase fue encontrado a 2.17 metros por debajo del nivel del suelo actual y tenía una extensión aproximada de 25 metros. A pesar de los daños que le ocasionaron los trabajos constructivos de la vía a lo largo del siglo XX, conserva parte de un muro con talud, que mantiene su aplanado a base de cal, arena y gravilla de piedra pómez. Este muro tiene 1.05 metros de altura y formaba parte de una plataforma que contaba con dos cuerpos escalonados, probablemente, orientada hacia el este, donde estaría su fachada.
La segunda etapa cubrió por completo a la primera y consiste en un piso estucado, de casi 50 metros de lado a lado, elaborado con cal y gravilla de pómez, cuya base tiene rellenos de piedra con bloques de tepetate, pegados con lodo y fragmentos aplanados de cal.

Entre los restos constructivos se hallaron fragmentos de aplanados de cal que aún conservan pintura mural, los cuales infieren que una parte de la primera edificación tuvo algún aposento decorado con murales, en los que resaltan colores blancos, rojizos, amarillos y verde-azulados, semejantes a los encontrados en Cholula, para la misma época.
“El muro con talud es una porción de una plataforma escalonada que pudo haber tenido una estancia en la cima, misma que fue demolida en la época prehispánica para ampliar el nivel de la plaza”, aseveró el arqueólogo de la Dirección de Salvamento Arqueológico del INAH, comisionado en ese municipio, Miguel Medina Jaen.
Sobre el piso de la segunda etapa se registraron bloques de tepetate que eran parte del núcleo constructivo de una tercera fase de ampliación, correspondiente al periodo Epiclásico, de la cual no se recuperaron más evidencias debido a que el terreno fue nivelado cuando se construyeron las primeras casas de los españoles en la ciudad, a partir de 1579.
Entre los rellenos constructivos más recientes también se recuperaron restos cerámicos del Epiclásico y, en menor medida, de los periodos Posclásico (900-1521 d.C.) y Virreinal (1521-1821).
Medina Jaen agregó que el hallazgo deja ver que hacia el lado oriente del cerro de San Miguel existía otro complejo ceremonial, similar al que está en el poniente, donde aún se conservan algunos montículos piramidales, dentro de la poligonal de protección arqueológica trazada por el INAH, en 1995.
“Esto permite visualizar la organización de Atlixco en aquellos tiempos, en donde los cuatro sectores del cerro de San Miguel estaban ocupados en su base por centros ceremoniales que estarían relacionados con barrios o sectores en los que se dividía el asentamiento en esa época”, explicó.
Tras el registro detallado de las evidencias halladas y la toma de muestras de pisos, aplanados, restos de pintura mural y fragmentos de bloques de tepetate, la estructura fue consolidada y protegida con un textil sintético, y luego cubierta con tierra ceñida para su preservación bajo la calle.
Al respecto, la secretaria de Cultura federal, Claudia Curiel de Icaza, resaltó que “cada hallazgo arqueológico nos recuerda que el patrimonio no está sólo en los grandes monumentos, sino también en el subsuelo de nuestras ciudades, en los vestigios que aún resguardan la memoria profunda de nuestros pueblos. Conservarlo y protegerlo es una responsabilidad pública fundamental, porque en ese cuidado se preserva también la historia, la identidad y el conocimiento que nos pertenece a todas y todos.”
Fuente: LA JORNADA




