Cuando las paredes sí hablaron. Esta es la ciudad maya que pintó su propia historia.

A 10 de febrero del 2026.- La historia de Bonampak es una de ambición inmortal y paredes que hablan.
En lo más profundo de la selva lacandona, donde la niebla se enreda entre las ceibas gigantes, yace una ciudad que guardó un secreto durante más de mil años. En 1946, los lacandones José Pepe Chan Bor y Acasio Chan guiaron a los primeros extranjeros hasta Bonampak. Nadie imaginaba que tras esos muros cubiertos de musgo se escondía la representación más brutal y honesta de la vida maya jamás descubierta.

Los murales de Bonampak muestran sangre, guerra, tortura y la cruda realidad del poder. Un cuadro que contrasta con la imagen idealizada que a veces predomina de los mayas, una de sabios místicos que contemplaban las estrellas.
La ciudad que nació derrotada
Bonampak, cuyo nombre antiguo era Ak’e, aunque regionalmente se conocía como Usiij Witz («cerro del buitre»), nunca fue una gran potencia. Situada a apenas 30 kilómetros al sur de la imponente Yaxchilán, Bonampak era el típico hermano menor que vive a la sombra del hermano exitoso. Y esa sombra era larga.
A principios del siglo V, cuando Bonampak apenas empezaba a destacar como centro regional, su gobernante Pájaro Jaguar (uno de varios que llevó ese mismo nombre) cometió el error de desafiar a K’inich Tatbu Cráneo I, el poderoso señor de Yaxchilán. Fue una movida terrible. Pájaro Jaguar fue capturado y humillado públicamente. Este suceso marcó el inicio de casi dos siglos de conflicto entre ambas ciudades.

Durante las siguientes décadas, Bonampak se convirtió en el saco de boxeo favorito de Yaxchilán. Alrededor del 510 d.C., el belicoso Nudo-ojo Jaguar I de Yaxchilán capturó a varios nobles de Bonampak. Hubo un respiro en el año 514 cuando Nudo-ojo Jaguar fue capturado por Piedras Negras, el gran rival de Yaxchilán. Pero fue sólo eso, un respiro. En 526, Kinich Tatbu Cráneo II atacó nuevamente y más nobles de Bonampak se convirtieron en prisioneros.
Bajo la sombra del jaguar: el capítulo más triste en la historia de Bonampak
El 25 de abril del año 600 d.C. fue probablemente el peor día en la historia de Bonampak. Ese día, la ciudad dejó de ser independiente para siempre.
Itzamnaaj B’alam II, conocido también como Escudo Jaguar II, era el señor de Yaxchilán. Este monarca instaló en el trono de Bonampak a un gobernante títere: Yajaw Chan Muwaan I. El mensaje era claro: «Ahora ustedes trabajan para nosotros». Y para que nadie lo olvidara, Bonampak fue reconstruida. Sus edificios fueron reorientados para que apuntaran hacia Yaxchilán. Se construyó una nueva Acrópolis monumental, pero su propósito era político, no arquitectónico. Era recordar quién mandaba.

Durante las siguientes décadas, Bonampak vivió bajo el pulgar de Yaxchilán. En 641, cuando un noble de Bonampak fue capturado por K’ab Kante’ de Sak Tz’i’ (otra ciudad-estado), Yaxchilán no movió un dedo para ayudar. Bonampak era útil, pero no tan importante.
Los años de oro de Yaxchilán
El 21 de febrero de 681 amaneció con promesas de violencia. Itzamnaaj B’alam III (llamado Escudo Jaguar El Grande) fue oficialmente entronizado en Yaxchilán. Su primer acto como gobernante fue capturar a un noble llamado Aj Nik. Cuatro días después, el 25 de febrero, organizó algo más ambicioso.
Esa mañana, el gobernante reunió a su ejército y se embarcó en el caudaloso río Usumacinta. Su destino: encontrarse con el señor de Bonampak para una expedición militar conjunta. Juntos asaltaron una pequeña ciudad cercana y capturaron a su señor, Aj Muhk. El evento quedó inmortalizado en la Estela 15 de Yaxchilán, un recordatorio de que Bonampak era ahora un engranaje más en la maquinaria militar de Yaxchilán.

Escudo Jaguar El Grande gobernaría Yaxchilán durante más de 60 años, hasta 742, convirtiendo a su ciudad en la potencia dominante del río Usumacinta. Bonampak, mientras tanto, siguió siendo lo que era: una ciudad satélite, importante pero subordinada.
El sobrino que heredó un reino roto
En el año 775 o 776 (las fechas varían ligeramente entre fuentes), un hombre llamado Yajaw Chan Muwaan II ascendió al trono de Bonampak. Era sobrino de Itzamnaaj B’alam IV, entonces gobernante de Yaxchilán. Para sellar aún más la dependencia política, se casó con Señora Yax-Conejo (también llamada Yax Tul), una noble de Yaxchilán que era hermana del mismo Itzamnaaj B’alam IV. En otras palabras, quedó todo en familia.
Chan Muan II heredó una situación complicada. Bonampak tenía problemas de sucesión. Había múltiples linajes con derecho al trono y su padre y abuelo aparentemente no habían sido lo suficientemente importantes como para erigir monumentos tallados. Chan Muan necesitaba demostrar su legitimidad, y lo sabía.

El 25 de julio de 780, erigió la Estela 1 en el centro de Bonampak, una losa de piedra monumental de casi seis metros de altura (una de las más altas del mundo maya). La estela lo mostraba de pie con un tocado de jaguar, sosteniendo una lanza ceremonial. En la base, el monstruo de la tierra del cual emerge el joven dios del maíz. Los jeroglíficos tallados mencionaban su genealogía y el glifo emblema de Bonampak. Pero había un detalle revelador: la estela llevaba la firma de artesanos de Yaxchilán. Incluso sus monumentos personales eran importados.

La batalla que cambió la historia de Bonampak
Enero de 787 fue el mes que definió el reinado de Chan Muan II.
El 4 de enero, Escudo Jaguar IV de Yaxchilán capturó a un enemigo en batalla. Seis días después, Chan Muan II capturó a su propio prisionero. La evidencia sugiere que ambos eventos formaban parte de la misma campaña militar: una batalla brutal contra posibles usurpadores del trono de Bonampak que estaban aliados con Sak Tz’i’, un reino vecino.
Esta no fue una simple escaramuza. Fue una guerra civil que determinaba quién gobernaría Bonampak. Y Chan Muan ganó, pero sólo con la ayuda militar directa de Yaxchilán. Los murales que pronto ordenaría pintar no dejarían dudas sobre quién había peleado a su lado.
Los murales: la historia de Bonampak a todo color
Entre 790 y 792, Chan Muan II ordenó la construcción del Templo de las Pinturas (la Estructura 1) y contrató a los mejores artistas de Yaxchilán para decorarlo. No escatimó en gastos. Los pigmentos incluían azul maya hecho con azurita traída desde Arizona, un material caro que brillaba con destellos cristalinos. Todo el templo fue pintado: las paredes, los techos abovedados, incluso los pisos fueron pintados de negro. Solo las superficies superiores de las bancas interiores quedaron sin pintar.
El 11 de noviembre de 791, el templo fue oficialmente dedicado. Sus tres salas contenían una narrativa cuidadosamente orquestada diseñada para mostrar el poder, la legitimidad y la brutalidad necesaria para mantener el control.

Sala 1: La presentación del heredero
La primera sala muestra una procesión real con 77 figuras. Músicos tocan trompetas, tambores y caracolas. Nobles vestidos con elaborados tocados de plumas, pieles de jaguar y serpientes emplumadas se reúnen para un evento crucial: la presentación del heredero de Chan Muan II.
Durante décadas se creyó que el niño presentado era un varón. Investigaciones recientes sugieren que podría haber sido una niña, una princesa destinada a asegurar alianzas matrimoniales futuras. En la escena también aparecen tres jóvenes ch’oks o herederos danzando (probablemente los hijos de Chan Muan). El mensaje era claro: la línea sucesoria estaba asegurada.
Sala 2: El caos de la guerra
La sala central es una obra maestra del horror. Más de 100 figuras luchan en una batalla caótica. Los guerreros victoriosos visten pieles de jaguar ,símbolo de fuerza, mientras que los derrotados llevan elementos de aves, símbolo de debilidad. Y aquí está el detalle brutal: todos los cautivos tienen dos manos izquierdas en las pinturas. La mano izquierda era considerada débil por los mayas. Pintar a los enemigos con dos manos izquierdas era la máxima humillación artística.
En la parte superior, Chan Muan II aparece rígido y victorioso, sosteniendo una lanza cubierta con piel de jaguar, vistiendo un tocado de jaguar extravagante. A su lado, otro guerrero (probablemente Escudo Jaguar IV de Yaxchilán) refleja su postura. No hay sutileza aquí: Yaxchilán peleó esta batalla junto a Bonampak.

La pared norte muestra lo que sigue: prisioneros desnudos o semidesnudos son torturados. A algunos les arrancan las uñas. Otros ya han muerto. Una cabeza cortada yace en el suelo como advertencia. Chan Muan se yergue sobre sus cautivos mientras nobles y su esposa observan. En el techo, cuatro cartuchos representan constelaciones celestiales: las Pléyades (los Pecaríes) y Orión (la Tortuga), vinculando la batalla a la cosmología maya y al ciclo de Venus, el planeta asociado con la guerra.
Sala 3: La celebración y el sacrificio
La tercera sala muestra danzas rituales, música y autosacrificio. Más de 65 figuras participan en celebraciones elaboradas. Las mujeres de la familia real, incluida la esposa de Chan Muan, Señora Yax-Conejo, realizan autosacrificio de sangre, perforándose las lenguas con espinas de mantarraya y cuchillos de obsidiana. La sangre cae sobre papel ceremonial que luego se quemará para enviar mensajes a los ancestros y a los dioses.

Tres magníficos danzantes con máscaras de dioses dominan la escena. Son los ch’oks, los príncipes herederos, bailando su legitimidad ante la corte y ante el cosmos.
El misterio del final
Algo salió terriblemente mal.
Los murales nunca fueron completados. Las últimas fechas registradas en la historia de Bonampak son de 792. Chan Muan II probablemente murió alrededor de 795. En 2009 arqueólogos descubrieron una tumba bajo la Sala 2 del Templo de las Pinturas. Contenía los restos de un hombre de entre 35 y 42 años, con casi todo el esqueleto intacto… excepto el cráneo, que había desaparecido. En su lugar había un enorme vaso de alabastro intencionalmente roto en la base, además de un pequeño cuchillo de sílex con marcas de fuego. Los adornos (aretes de jade, un collar de jade, brazaletes, un colgante de concha, dos platos policromados) coincidían con los que usaban los nobles en la Sala 1.
¿Era este Chan Muan II? ¿Un guerrero herido en batalla? ¿Un prisionero sacrificado? ¿Un pariente cercano del gobernante? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que algo dramático ocurrió después de 792.
Hay evidencia de un conflicto posterior en los murales mismos. Alguien rayó los ojos de algunas figuras. Las imágenes de los tres hijos danzantes de Chan Muan fueron desfiguradas deliberadamente. Estos actos de vandalismo ritual sugieren que hubo una lucha por el poder, posiblemente una rebelión o un golpe de estado.

Para principios del siglo IX, Bonampak sufría un abandono gradual. El colapso maya del Clásico, causado por sobrepoblación, deforestación, agotamiento de tierras agrícolas y sequías severas, estaba acabando con las grandes ciudades del Usumacinta.
En 808, Yaxchilán registró su último evento: la captura del rey de Piedras Negras. Poco después, la gran potencia también colapsó. Bonampak, sin su protector, no tenía esperanza. Para el año 900, la selva había comenzado a reclamar la ciudad, poniendo fin a la historia de Bonampak.
El legado de Bonampak
Los murales de Bonampak revolucionaron nuestra comprensión de la civilización maya. Durante décadas, académicos prominentes habían retratado a los mayas como una civilización de astrónomos pacíficos y filósofos espirituales. Los murales destrozaron esa imagen romántica. Mostraron a los mayas como realmente eran: una civilización compleja, sofisticada, artística y brutal cuando la política lo requería.
Cuando los lacandones guiaron a Carlos Frey, John Bourne y Giles Healey hasta Bonampak en 1946, el sitio seguía siendo un lugar sagrado para ellos. Los lacandones aún realizaban ceremonias en los antiguos templos, manteniendo viva una conexión de más de mil años con sus ancestros.
Bonampak nunca fue la ciudad más grande, ni la más poderosa, ni la más rica del mundo maya. Pero gracias a Chan Muan II y su desesperada necesidad de demostrar su legitimidad, gracias a los artistas de Yaxchilán que pintaron con colores que desafiaron al tiempo, y gracias a la selva que protegió estos murales durante un milenio, Bonampak nos dio algo invaluable: la verdad.

Los murales no mienten. Muestran el esplendor y el horror, la creatividad y la crueldad, la fe y la violencia que forman parte de la historia de Bonampak. En las paredes del Templo de las Pinturas, Chan Muan II logró la inmortalidad que tanto anhelaba. Pero a cambio, expuso algo que las élites mayas preferían ocultar: que el poder se construía sobre sangre, guerra y alianzas incómodas con quienes te dominaban.
La próxima vez que veas una imagen de los murales de Bonampak, con sus colores brillantes de turquesa, amarillo y rojo óxido, recuerda que estás viendo propaganda. Pero también una porción e la historia de Bonampak. Chan Muan II no escondió la violencia necesaria para mantener su trono. La pintó en las paredes para que todos la vieran. Y al hacerlo, inmortalizó la verdad incómoda de una civilización entera.
Consejos para visitar Bonampak
- Ve preparado para el calor y la humedad extrema.
- Lleva repelente de insectos (la selva lacandona no perdona).
- Sólo puedes estar pocos minutos en cada habitación.
- No se permite flash fotográfico (daña los pigmentos).
- Considera combinar la visita con Yaxchilán (se puede en un día largo desde Palenque).
- Respeta las reglas: estos murales son insustituibles.
Fuentes principales:
- Martin, Simon, y Nikolai Grube. Chronicle of the Maya Kings and Queens (2008).
- Miller, Mary Ellen, y Claudia Brittenham. The Spectacle of the Late Maya Court: Reflections on the Murals of Bonampak (2013).
Fuente: MX DESCONOCIDO




