El artista istmeño exhibe una colección de mobiliario experimental basado en la idea de lo esencial y sencillo e inspirada en el brutalismo soviético y la greca escalonada que se utilizó en Mesoamérica

En América, la idea de comodidad también fue importada, como sucede con muchos conceptos, el de confort llegó de Europa.
“Está basado en la idea de los muebles, por ejemplo, los franceses, en los que todo es ostentoso. En los países latinoamericanos, siempre se nos vendió esa idea de comodidad, pero como en las filosofías o en los sistemas de pensamiento, fue una manera de colonizar. La colonización no solo fue de tierra sino cultural”, dice Sabino Guisu (Juchitán, 1986).
Binnizá (gente de nube) de nacimiento, y no zapoteco como erróneamente se le ha llamado a los istmeños, el artista plástico creció viendo otro tipo de muebles, más esenciales, pero útiles, quizá más primitivos:
“Los muebles de mi casa, de los vecinos, de muchas personas del Istmo, las puertas, unas butacas muy tradicionales, los roperos, los famosos baúles del Istmo que parecen ataúdes y que luego pintaban con bordados y les ponían símbolos. Esos son los primeros muebles que conozco”, cuenta.
Nacido en una familia de artesanos que se dedicó a la alfarería, Guisu vuelve a evolucionar en su marcha como creador, ahora como diseñador de una colección experimental de mobiliario, fabricada en esa codiciada madera tropical del sur mexicano: la parota. Se trata de sillas, sillones, taburetes, roperos, marcos de espejo que el artista exhibe con el título de “Huanacaxtle” (el nombre náhuatl del árbol de donde se extrae la madera), hasta el 10 de octubre en Coloürs (Córdoba 56, col. Roma), como parte de la Semana del Diseño en la Ciudad de México.
En México, dice, “somos ricos en recursos naturales, pero hay una mala administración, por eso no podemos disfrutar de esa riqueza, esa es la desgracia en la que vive el mexicano. Pero en el Istmo de Tehuantepec, sobre la Carretera Transístmica, hay muchísimos árboles de guanacaste o de parota. Yo crecí jugando en estos árboles, cuando íbamos al rancho y nos íbamos a bañar a los canales siempre había estos árboles, de hecho, en zapoteco se les dice bissa yaga”.
Como todo el trabajo de Sabino Guisu, ya sea elaborado con humo, barro, miel, cera, textiles y cualquier otro material orgánico, sus diseños concentran historia personal y origen, pero también una visión de la vida que se despega del imperante consumismo y de la visión neoliberal actual. Él lo llama “brutalismo zapoteco”, un poco inspirado en el brutalismo soviético, pero fuertemente influido por la greca escalonada que fue utilizada por las culturas mesoamericanas y que es tan visible en sitios como Mitla, en Oaxaca.
“Muchos antropólogos que la han estudiado han dicho que es un rayo, otros que es la forma fractalizada del agua, pero representa la continuidad de la vida, el flujo de la vida y el agua. Lo que hice es una pequeña fusión de estos elementos mexicanos, zapotecos o binni záa de Oaxaca, de Monte Albán, de Mitla, de Zaachila, que está en los bordados, en los textiles de la tradición oaxaqueña, tomando esta idea de la tradición de México”, cuenta.

Guisu ha mezclado, además, la atracción que el brutalismo le causó cuando tuvo oportunidad de viajar a Rusia.
“Sentía una gran atracción por este tipo de arquitectura, y también por algunos arquitectos mexicanos como Barragán, Agustín Sánchez, inspirado un poco en esta idea medio brutalista fue que decidí hacer los muebles, que son un poco toscos, inspirados en un principio básico, monolítico, que al mismo tiempo, podrían ser como de la época prehispánica”.
Los diseños de Sabino, sin embargo, son de línea estilizada y conjugan con la fuerza y belleza de la madera que utiliza.
“Hasta ahora fue que la redescubrí. Empecé a ver sus cualidades, sus propiedades, es una madera muy utilizada en el sur de México, crece mucho en el sur y la utilizan sobre todo en lugares playeros, Cancún, la Riviera Maya, en la arquitectura, las casas, cabañas, todo es de parota”.
La innovación del artista oaxaqueño está en la sencillez, en reinterpretar algo ordinario, esencial y común. “A veces lo primitivo tenía una sutileza de lo práctico, era sencillo, simple y cero costoso”. Una silla plegable y desarmable, elaborada con dos piezas, condensa para Sabino la idea de la que quiere hablar, de hecho la ha elegido como la imagen del cartel de su exposición.
“En esa silla justamente está esa idea de cómo algo tan simple, como dos tablas, puede generar una comodidad, incluso hasta aerodinámica, para que el cuerpo descanse perfecto, la columna entra y uno puede estar aquí, dormir, puede leer, puede platicar. Justamente empecé a trabajar con ese principio, es una silla completamente arquitectónica”.
Para elaborar sus diseños, el artista trabaja con un grupo de maestros carpinteros oaxaqueños a los que busca contagiar con la idea de adentrarse en lo desconocido. “Ahí es donde está la magia de la vida, si uno no va a lo desconocido, nunca va a vivir.
A veces los maestros, por necesidad también, no se arriesgan, no toman ese riesgo, pero hay otros que sí tienen esta curiosidad. Yo trato de convencer a los maestros carpinteros para que sean curiosos. Si hay error, se recompensa y vemos.
Es una colaboración muy bonita trabajar a veces con los maestros, es un reto para los dos, ellos son prácticamente los verdaderos artistas”.
En ese punto que separa al creador manual del conceptual, Sabino Guisu también piensa que hay un error.
“Normalmente se suele ver al sur de México como un lugar donde hay muchos artesanos, y eso es un tesoro invaluable, yo pertenezco a esa tradición de la gente que hace artesanías, pero esa expresión de artesanía se me hace completamente ridícula. El arte es arte y no entiendo por qué lo categorizan y jerarquizan”.
El creador no habla de otra cosa más que de libertad, tanto para el que toma la herramienta y serrucha, como para el que concibe un cuadro o diseña una colección de muebles.
“Creo que la cualidad más importante de mi trabajo, sin compararme con otros artistas, es algo por lo que yo me siento muy cómodo, es la libertad. Para mí, sin libertad no hay creación. Yo he tratado durante estos años, que han sido casi 20 años de producción, estar en una constante renovación, en un constante renacer, y en libertad”, comparte.




