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¿Te sientes más estresado? La falta de agua podría influir en tu estado de ánimo

La deshidratación puede afectar tu bienestar cotidiano. Conoce su posible relación con el estrés, la fatiga y la falta de concentración, y cómo cuidar tu consumo de agua

El estrés se ha convertido en parte de la rutina diaria pues existen las jornadas laborales extensas, el tráfico, las preocupaciones económicas y la falta de descanso pueden afectar el bienestar físico y emocional. Sin embargo, hay un hábito cotidiano que también podría influir en la manera en que el organismo responde a estas situaciones: beber suficiente agua.

Una investigación liderada por la Universidad John Moores de Liverpool y publicada en el Journal of Applied Physiology encontró una asociación entre el bajo consumo de líquidos y niveles más elevados de cortisol, conocida como la hormona del estrés.

De acuerdo con los resultados difundidos, las personas que consumieron menos de 1.5 litros de agua al día presentaron concentraciones más altas de esta hormona. Aunque este hallazgo no significa que la deshidratación sea la única causa del estrés, sí pone sobre la mesa la importancia de la hidratación como parte de los hábitos que contribuyen al bienestar general.

Cuando el cuerpo no recibe suficientes líquidos, los efectos pueden ir más allá de la sensación de sed. La fatiga, la somnolencia y las dificultades para mantener la atención pueden complicar las actividades cotidianas y hacer que las exigencias del día resulten más difíciles de afrontar.

¿Cómo afecta la falta de agua al estrés y al estado de ánimo?

Una hidratación insuficiente puede repercutir en distintas funciones del organismo, incluidas algunas relacionadas con el desempeño mental y la regulación emocional.

Entre los efectos que pueden presentarse están el cansancio durante la jornada, la dificultad para concentrarse, la somnolencia y los cambios en el estado de ánimo. Estas molestias pueden sumarse a otros factores, como dormir poco, mantener una alimentación inadecuada o atravesar periodos de presión laboral y personal.

La hidratación también se relaciona con funciones cognitivas como la memoria, la atención y la velocidad de procesamiento. Por ello, prestar atención al consumo de líquidos puede ser una medida sencilla para acompañar otros hábitos saludables.

No obstante, beber agua no sustituye la atención profesional cuando el estrés es persistente o afecta de manera importante la vida cotidiana. La hidratación es un factor más dentro de un conjunto de condiciones que influyen en la salud física y mental.

¿Cuánta agua debes tomar al día y cómo mejorar tu hidratación?

Una de las recomendaciones más prácticas es evitar pasar largas horas sin beber líquidos. Tener agua disponible en el trabajo, en casa o durante los traslados puede facilitar que el consumo se convierta en un hábito.

También puedes incorporar estas acciones a tu rutina:

  • Bebe agua durante el día: distribuye su consumo en diferentes momentos, en lugar de esperar a tener mucha sed.
  • Presta atención a tus necesidades: el calor, la actividad física y las condiciones personales pueden modificar la cantidad de líquidos que necesitas.
  • No descuides el descanso: dormir adecuadamente ayuda a afrontar las exigencias diarias.
  • Mantén una alimentación equilibrada: acompaña la hidratación con una dieta variada y actividad física regular.
  • Cuida tu salud mental: si el estrés se prolonga, busca orientación profesional. 

Por HANZEL FORTEZA

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