
La cinta mexicana llegó a 1,000 salas en México y se posiciona como una producción que podría convertirse en una clásico de culto debido a su propuesta que contrasta con la comedia que se ve usualmente en las pantallas

Los primeros 30 minutos parecen lentos y parte de una comedia convencional; sin embargo, cuando Loco México Mágico agarra ritmo se convierte en una de las piezas más sólidas que ha tenido el cine mexicano de comedia. Fiel al estilo de Carlos Santos, lo que inicia como una sátira y una exageración se convierte en un drama que toca al espectador.
El mismo caso ocurre con Daniel Sosa y Silverio Palacios, quienes sostienen la cinta. Al inicio parecen estereotipos que solamente están para repetir un libreto que los llevará a situaciones ridículas, pero al final se convierten en personajes tridimensionales que permiten mostrar parte del contexto nacional a través de la pantalla.
Ningún personaje sobra, hasta el más pequeño de sus elementos tiene su momento de brillar en la cinta que no solamente se convierte en una crítica social, sino en un festejo de la identidad nacional y al amor al cine. La cinta llega a 1,000 salas en toda la nación y espera lograr un buen fin de semana para conmover al público.
Si de algo peca esta producción es de no contar con una publicidad adecuada, ya que al igual que como ocurrió con Ana y Bruno de Carlos Carrera, la publicidad la muestra como la película de chascarrillos que sirve solamente para pasar el rato cuando en realidad se trata de un comentario vanagloria la cultura mexicana con sus claroscuros. A continuación 3 razones para verla este fin de semana.
Loco México Mágico: una cinta basada en estereotipos, pero sin clichés
En Loco México Mágico no hay una historia de amor entre un hombre de bajos recursos y una estrella del pop como se esperaría en este tipo de producciones. No hay personajes de relleno que solamente dicen albures, que ridiculizan al burlarse de minorías o escenas de intimidad para tratar de mantener la atención de los espectadores.
En cambio hay crecimiento de los personajes, consecuencias lógicas para las situaciones que viven, así como tres mensajes medulares: el llamado a estar orgulloso de nuestros orígenes, el compromiso y dolor que conlleva realizar los sueños y el entendimiento de la psicología del mexicano.
Si bien cuenta con una importante carga de humor, la cinta también conmueve, inspira y presenta aspectos determinantes en la cultura del mexicano. Se ve en ella la convivencia de la tristeza con la felicidad; la dicotomía entre la corrupción y el hambre de querer sobresalir; la creatividad ligada a la falta de recursos; la celebración de la vida, pese a las carencias.

Son 2 películas en una
La cinta trata de Juan (Daniel Sosa), un hombre que es convocado para hacer una película que impulse el nombre de la pequeña ciudad veracruzana de Alvarado. Con nulos recursos, sin sentirse apto para la labor y con todo en contra, el protagonista debe cumplir con las expectativas de Benito, un presidente municipal que pretende usar la cinta como una manera de posicionarse en los medios de comunicación con el fin de llegar a la gubernatura del estado.
Durante la producción se pueden ver clips de la cinta que se van mezclando con la historia principal. Santos crea momentos que permiten impulsar la identidad nacional desde dos aristas: una como si fuera una película con manufactura tipo Hollywood y una más con las carencias que se tuvieron para poder llevar a cabo ese audiovisual.
Casi al finalizar la cinta se muestran el climax de ambas cuestiones presentadas por el director. En una se ve el amor por la realización de la cinta, así como los obstáculos que permitieron a una pueblo llevarla a cabo y en otro el resultado que podría dar una producción de esa talla en caso de que se realizara. Si bien ambas parten de una primicia que parece poco verosímil, el pacto que generan con el espectador permite a varios soltar la carcajada, así como conmoverse hasta las lágrimas en más de una ocasión.
Loco México Mágico tiene un comentario político ácido
Sin spoilers, se puede decir que casi al final de la cinta, en la resolución de los conflictos que vienen en la ficción que está dentro de esta ficción, se pueden ver escenas que difícilmente se podrían volver a ver en el cine nacional. En esta se muestran los orígenes y culpas que sienten los norteamericanos por su historia.
En una escena que no dura más de 5 minutos se muestran los crímenes de guerra, las intervenciones a otros países, así como las acciones militares que derivan de la política norteamericana y su tendencia a la expansión geopolítica. Las imágenes son sencillas, pero poderosas. Sin usar una sola palabra, Carlos Santos logra establecer una crítica directa en contra de las razones que ve detrás del deterioro de la cultura estadounidense.
A esto se suman los elementos más evidentes como la inclusión de la silueta de Donald Trump, la mención a la crisis de consumo de opioides y depresión que hay en Estados Unidos.
La película llega en un panorama complicado, ya que compite directamente con la más reciente cinta de Spiderman. La cinta de Marvel ha conquistado la taquilla nacional al punto de que su primera semana generó 8 de cada 10 pesos en la industria nacional; sin embargo, Loco México Mágico es una opción a tomar en cuenta por su disrupción, su originalidad y su honestidad a la hora de contar una historia que engrandece la cultura nacional.




