Descubre la historia de la Plaza del Volador, uno de los espacios más antiguos y multifuncionales de la Ciudad de México, hoy desaparecido.

A 29 de octubre del 2025.- La Plaza del Volador fue uno de los espacios más emblemáticos y cambiantes de la Ciudad de México. Durante más de cuatro siglos, este lugar fue escenario de rituales mexicas, actos de fe, corridas de toros, ferias, mercados e incluso incendios devastadores. Hoy, en el sitio donde se alzaba, se encuentra el edificio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, pero su historia sigue viva en la memoria de la ciudad.
Espacio que nació en tiempos de Tenochtitlan
La historia de la Plaza del Volador se remonta al esplendor de Tenochtitlan. En el costado sur del palacio del emperador Moctezuma Xocoyotzin, junto a lo que después se conocería como la acequia real, se realizaba la ceremonia del volador, un rito dedicado a los dioses del viento y la fertilidad.

Tras la Conquista, la tradición continuó un tiempo más, y de ella heredó su nombre el predio que siglos después sería conocido como Plaza del Volador.
Con el paso del tiempo, el terreno pasó a manos de Hernán Cortés, quien lo integró a su propiedad. Sus descendientes vendieron parte del conjunto —que se convirtió en el actual Palacio Nacional—, pero conservaron el sector donde más tarde se edificarían dos espacios fundamentales: la Real y Pontificia Universidad de México y el mercado del Volador.
Plaza del volador, mercado y escenario de la historia
La Plaza del Volador fue, durante siglos, un sitio de usos múltiples. En 1649, se llevó a cabo ahí el Auto General de Fe de la Inquisición, uno de los más célebres en la historia virreinal, donde fueron ejecutadas decenas de personas acusadas de herejía.
En otras épocas, el espacio servía como escenario para corridas de toros, peleas de gallos y carreras de liebres. Cuando se organizaban estos espectáculos, los comerciantes eran trasladados temporalmente y se montaban estructuras de madera para albergar al público. Desde los balcones del Real Palacio, los virreyes y su corte disfrutaban de las corridas con toda comodidad.
A finales del siglo XVIII, tanto la Plaza Mayor como la del Volador se encontraban saturadas de vendedores y animales. Por ello, El virrey Juan Vicente de Güemes Pacheco de Padilla, segundo conde de Revillagigedo, decidió poner orden.
En 1792 mandó construir un mercado de madera con ocho puertas, empedrado, fuentes y atarjeas. Una innovación de la época fueron los puestos con ruedas, que podían moverse fácilmente cuando se requería despejar el espacio para otras actividades.

Plaza del Volador: de mercado a recuerdo
Con el paso del tiempo, el mercado se consolidó como el principal centro de abasto de la capital. Sin embargo, dos incendios marcaron su destino. El primero, en 1844, llevó a su reconstrucción en mampostería; el segundo, en 1870, lo destruyó casi por completo.

El mercado se clausuró definitivamente en 1890, y en su lugar se plantó un jardín. Dos décadas más tarde, el escritor y político Justo Sierra ordenó demoler el edificio de la antigua universidad para dar paso a la Universidad Nacional, buscando desligar la nueva institución de su pasado colonial.
Finalmente, en 1935, el histórico solar fue despejado para levantar el Palacio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que permanece hasta hoy en el mismo sitio.
Memoria de la Plaza del Volador
Aunque la Plaza del Volador desapareció del paisaje urbano, su historia resume la transformación de la Ciudad de México: de capital indígena a ciudad virreinal, de plaza pública a centro de poder republicano. En ese mismo terreno convivieron los rituales prehispánicos, la Inquisición, los toros, el bullicio del mercado y la modernidad de los nuevos edificios.

Hoy, pocos recuerdan que bajo los cimientos de la Suprema Corte alguna vez se alzó un espacio que fue corazón, escenario y espejo de la vida pública mexicana durante más de tres siglos.
Fuente: MX DESCONOCIDO




