Ciudad de México. Una fila interminable acompañó el remate de Era. Cientos de lectores acudieron ayer al Complejo Cultural Los Pinos para llevarse una parte del catálogo de la histórica editorial, que hace unos días anunció que debido a una crisis financiera redujo al mínimo sus operaciones. La venta concluirá hoy.

Sobre cinco mesas, dispuestas a manera de banquete dentro de la cancha de tenis de la antigua residencia presidencial, aparecieron obras de Fernando Benítez, José Revueltas, Carlos Monsiváis, Salvador Elizondo, Alfredo López Austin, Friedrich Katz y Claudio Lomnitz, entre otros autores.
Desde temprano, el público recorrió el lugar en busca de sus títulos predilectos. La respuesta rebasó a los organizadores: una sola cajera atendía a los compradores y la hilera para pagar culebreaba por el recinto. La afluencia obligó a modificar la distribución del mobiliario para separar la zona de exhibición del área de cobro.
“No esperábamos una respuesta de tal magnitud. Cuando hacíamos ventas en nuestra sede, iban a lo mucho unas 10 o 20 personas”, reconocieron los responsables.
La incertidumbre sobre el futuro de Era surgió después de que la editorial anunció una reducción al mínimo de sus operaciones. En un comunicado, el sello, que el 5 de agosto cumplió 66 años, explicó que el equilibrio que sostenía su manera de hacer libros “ya no existe”.
Era atribuyó la situación a los cambios en el ecosistema del libro en México a partir de la pandemia, en particular en las formas de vender, comprar, leer y acompañar a los lectores. Aclaró, además, que su catálogo “existe, permanece y seguirá leyéndose”, y remarcó: “Nada de eso se cierra”.
La casa editorial abrió una de las primeras plataformas para escritores e intelectuales de izquierda que disentían de la visión hegemónica del poder.
La situación ha dejado un sabor amargo entre la comunidad lectora; sin embargo, la tristeza cedió por momentos ante el deseo de rescatar algún ejemplar. Jóvenes y adultos mayores revisaban las mesas, comparaban ediciones y salían con los brazos llenos. Los descuentos iban de 20 a 30 por ciento.
José Revueltas fue el autor más buscado: desaparecieron tanto sus novelas como los volúmenes dedicados a su pensamiento político. También atrajeron la atención los estudios históricos de Friedrich Katz; Aura, de Carlos Fuentes, y Cartucho, de Nellie Campobello. Algunos visitantes adquirieron más de 15 títulos.
Entre el entusiasmo persistía un dejo de nostalgia. Para muchos asistentes, Era ha acompañado su formación, y la incertidumbre sobre su futuro despierta una pregunta: ¿qué ocurrirá con los libros que mantenía en circulación?

“Me duele”
Josafat Jiménez, de 68 años, se enteró del remate por una nota publicada en estas páginas el 18 de agosto. “Me duele porque es una editorial con la que crecí. Desde mi juventud encontré títulos y temas que me interesaron mucho. Saber que podría desaparecer toda una historia de la literatura me parece muy triste. De ellos tengo la colección completa de José Revueltas.
“Me parece extraordinario que el Fondo de Cultura Económica, la editorial del Estado, esté dispuesta a rescatar a una empresa como Era. Ojalá se pueda hacer. No sé el motivo de que haya llegado a esta situación, pero claro que ayudaría mucho contar con el respaldo del gobierno. Lo que sí es que les faltó modernizarse, pensar en los libros electrónicos y aceptar que son una nueva forma de leer, aunque a mí no me guste.”
Magdalena Santillán acudió en busca de publicaciones de arte. Bajo el brazo llevaba los diarios de Vicente Rojo –principal diseñador de la casa– y Gabriel Orozco, materiales que eligió para complementar su formación como artista.
“Me entristece que Era cierre; siento que sus libros nutrieron a muchas generaciones. ¿Quién no leyó Las batallas en el desierto, de José Emilio Pacheco? Tenía obras muy interesantes de autores reconocidos del siglo pasado, como Juan García Ponce, Salvador Elizondo y Octavio Paz. Es duro que desaparezca, aunque también es cierto que no había visto muchas novedades y creo que eso pudo influir”.
Santillán señaló otro problema: el elevado costo de los ejemplares, lo que, a su juicio, los alejó de buena parte del público.
“El precio ha aumentado demasiado y por eso quizá ya no existen tantos lectores asiduos. La gente compra menos, y eso está mal. Los libros no deberían ser artículos de lujo. Creo que otro de los pecados de Era fue que se desapegó de sus lectores. No sabía que el FCE trataba de rescatarla y me parece bien. Si no, ¿qué va a pasar con todo ese catálogo que ahora ya no podremos conseguir?”
El remate continuará hoy de 10 a 18 horas en el Complejo Cultural Los Pinos. La entrada es libre.




