La obra del jalisciense Roberto Montenegro abarcó diferentes estilos y formatos. Por todo esto, su pintura siempre confrontó la hegemonía.

A 26 de mayo del 2026.- La historia de la pintura, y en general, del arte en México tiene en la primera mitad el siglo XX un periodo más que álgido. El nacionalismo post-revolucionario generó un ambiente de enorme ímpetu cultural, en el que la conformación de la identidad del país fue el punto central. Vanguardias como el muralismo y el estridentismo tuvieron un enorme protagonismo. Dentro de esta vorágine, destacó un pintor por su propuesta que siempre confrontó las hegemonías de su época: Roberto Montenegro.

Orígenes y formación de Roberto Montenegro
Roberto Montenegro Nervo nació en Guadalajara, Jalisco, el 19 de febrero de 1887. Fue hijo del coronel Ignacio Luis Montenegro y de María Nervo. Un dato curioso que vale la pena anotar es que el pintor fue primo hermano del poeta Amado Nervo, precisamente por lado materno. En su primera juventud recibió clases de pintura de la mano del artista brasileño Félix Bernardelli. Posteriormente, hacia el año de 1904, ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes, por lo que se mudó a la Ciudad de México. Allí tomó clases impartidas por destacados pintores como José Salomé Pina, Santiago Rebull, José María Velasco, Germán Gedovius, Julio Ruelas, Mateo Saldaña y Gerardo Murillo «Dr. Atl».

Durante aquellos años, entabló amistad con diversos personajes que destacarían posteriormente en sus respectivas disciplinas. Entre ellos estuvieron Diego Rivera, Jorge Enciso, Saturnino Herrán y José Juan Tablada, quien lo influyó en su interés por el arte japonés. Al ser siempre un alumno destacado, en 1905 ganó junto a Rivera una beca para estudiar en Europa. Es así que hacia 1906 ya se encontraba en Madrid, España, en la Academia de San Fernando. En 1907 se trasladó a París, Francia, donde ingresó a L’Ecole des Beaux Arts y la Académie de la Grande Chaumière. Precisamente en aquellos años conoció de cerca la producción plástica de las vanguardias europeas así como la obra de Paul Gauguin y Paul Cézanne, de las cuales retomó diversos elementos.


Su estancia española
Hacia 1910 Roberto Montenegro regresó por dos años a México, poco antes de que estallara la Revolución. Durante aquél lapso participó en la exposición organizada a razón del Centenario de la Independencia, obteniendo con ello críticas bastante positivas de su trabajo. En 1911 presentó una exposición individual en la Academia de Bellas Artes. Cuando regresó a Europa, en París colaboró en varias revistas locales, ganando prestigio entre otros destacados artistas como el español Juan Gris y el francés Jean Cocteau. Por si fuera poco, expuso en el famoso Salón de Otoño, organizado en la capital de Francia.
Cuando inició la Primera Guerra Mundial en 1914, Montenegro decidió regresar a México. Para ello, viajó a España donde tomaría un barco. No obstante, la conflagración armada le impidió trasladarse al país, por lo que tuvo que permanecer en territorio español. A razón de lo anterior, el pintor se estableció en la isla de Pollensa, en Mallorca. Aquél lugar había sido convertido en un refugio de intelectuales y pintores de todas las nacionalidades, ya que el país ibérico se había declarado neutral. Por esto es que Montenegro conoció a diversos artistas, entre ellos, Pablo Picasso. El ambiente de aquella isla de las Baleares fue altamente formativo y estimulante para el mexicano, motivo que lo llevó a pintar su primer mural en 1919: Alegoría de las Baleares. Esta obra se encuentra ubicada hasta el día de hoy en el Parlament de les Illes Balears.

Retorno a México, muralismo y obra
Los años de guerra provocarían que el pintor jalisciense dilatara su regreso a México hasta 1920. Dejando una vasta producción en suelo europeo, Roberto Montenegro se integró al equipo de Revista de Revistas. No obstante, inmediatamente retomó su labor como muralista. Entre varios encargos del gobierno de Venustiano Carranza, conoció a José Vasconcelos, por aquél entonces rector de la Universidad Nacional de México. Es gracias a él que pudo pintar en varios muros de la Secretaría de Educación Pública así como del actual Museo de las Constituciones (el Ex-Colegio de San Pedro y San Pablo) y el Antiguo Colegio de San Ildefonso. Hacia el año de 1921, fue nombrado jefe del Departamento de Artes Plásticas de la Secretaría de Educación Pública, instancia donde organizaría exposiciones y en la cual nacería su interés por las artes populares.
A partir de este punto, el quehacer de Montenegro se repartiría entre instituciones del estado mexicano, exposiciones nacionales e internacionales, comisiones privadas así como en sus proyectos personales. En 1967 fue galardonado con el Premio Nacional de Arte. Un año más tarde, en un viaje de tren entre Uruapan, Michoacán y la Ciudad de México, sufrió un infarto. Tras ser trasladado a Morelia, fallecería en aquella capital el 13 de octubre de 1968. Pocos días después sería velado en el vestíbulo del Palacio de Bellas Artes, hogar de uno de sus más icónicos trabajos pictóricos: Alegoría del viento (1928).

Importancia y legado de Roberto Montenegro
La importancia de Roberto Montenegro estriba en muchas cuestiones. Probablemente, la más evidente es el hecho de que fue precursor directo así como un pionero del muralismo mexicano. Sin embargo, el punto de arranque de este pintor se encontró en la vanguardia de su época. En sus obras reunió elementos del simbolismo, el Art Déco así como la estética de las artes populares, redefiniendo con ello la noción de nacionalismo e identidad. Por si esto fuera poco, desarrolló pictóricamente un crisol de concepciones sobre lo que es la masculinidad. Y es que el aclamado pintor fue abiertamente homosexual, algo completamente desafiante para la sociedad mexicana de la primera mitad del siglo XX, atravesada por el machismo. Gracias a esto, Montenegro empleó un lenguaje pictórico bastante sugerente y ambiguo sexualmente.
A razón de todo lo anterior, el próximo 27 de mayo del 2026 se inaugurará la exposición Roberto Montenegro. Muralismo fuera de la norma en el Museo del Palacio de Bellas Artes. La muestra estará disponible hasta el 27 de septiembre, de martes a domingo, de 10 de la mañana a 5 de la tarde. El costo de la entrada de martes a sábado es de $95 MXN, mientras que los domingos el acceso es completamente libre para el público nacional. La entrada también es gratuita para estudiantes, maestros, derechohabientes del INAPAM, personas con discapacidad y menores de 13 años, siemore y cuando muestren sus respectivas credenciales vigentes.

Fuente: MX DESCONOCIDO




