Los versos se esparcieron como semillas entre los árboles del Pabellón Escénico de Chapultepec. Ayer cinco poetas los hicieron viajar de boca en boca: algunos encontraron de inmediato un sonido familiar; otros llegaron con cadencias distintas, palabras nuevas y sonoridades que invitaban a afinar el oído.

El bosque se pobló de acentos. El mapuche, el mapuche-williche, el maya kaqchikel y el zoque aparecieron durante las lecturas; también el spanglish, incorporado por primera vez al encuentro. De una voz a otra cambiaban el ritmo y la musicalidad.
Mikeas Sánchez, de México; Liliana Ancalao, de Argentina; Adriana Machi Paredes Pinda, de Chile; Negma Coy, de Guatemala, y Norma Cantú, de Estados Unidos, participaron en Yo soy mi lengua: Encuentro internacional de poetas en voz alta, organizado por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal), con la memoria y la diversidad lingüística de los pueblos del continente como ejes.
“Podría parecer una discusión vieja, pero por las circunstancias geopolíticas del mundo es importante poner a estos idiomas para escucharlos, sentirlos y ponerlos a dialogar con sus contrapartes hegemónicas como el inglés y el español”, explicó a La Jornada Minerva Reynosa Álvarez, coordinadora Nacional de Literatura del Inbal.
Para la también poeta, el acercamiento podía ocurrir aun cuando no se comprendiera cada término. “Pensamos que a través de la atenta escucha el público va a poder sorprenderse y entablar una relación con esos idiomas que no muchos reconocemos auditivamente”.
En dos de las participantes, la lengua originaria no fue la materna, sino que decidieron profundizar en ella. Reynosa contrastó esa experiencia con la de quienes crecieron con esos idiomas en el ámbito familiar. “También las podemos aprender por una cuestión de identidad y de reconocimiento. Considero que podemos provocar interés, curiosidad y auspiciar el conocimiento”.
El spanglish abrió otra vertiente. Su presencia llevó la mezcla fronteriza del español y el inglés junto con expresiones procedentes de distintas regiones del continente.
Durante los últimos 10 o 15 años, las lenguas originarias habían ganado mayor presencia tanto en festivales literarios como en propuestas editoriales. Reynosa situó ese crecimiento en un momento de vitalidad para la literatura y la poesía.

También se mostró optimista sobre el lugar del verso en México, debido a la amplia tradición literaria y a una oralidad presente desde la infancia. “Creo que todo es potencialmente poético, más en este país.
“Rezamos, hablamos un montón, decimos chistes, cantamos, y todo esto desde que somos muy pequeños.”
Para la coordinadora, esas prácticas habían hecho de la escucha un ejercicio cotidiano y ayudaban a explicar la necesidad del público de congregarse alrededor de la poesía. Esa cercanía se hacía visible en los recitales: casi cualquier fin de semana era posible encontrar alguno con buena asistencia. A su juicio, ese interés formaba parte de la cotidianidad y estaba ligado con el pasado del país.
La diversidad lingüística permitía además acercarse al contexto de cada región y observar cómo sus lenguas convivían con idiomas dominantes como el español o el inglés. Uno de los propósitos de Reynosa al frente de la Coordinación Nacional de Literatura era estrechar los vínculos con autores y proyectos fuera de la capital.
“Me interesa mucho poner en el panorama a las literaturas regionales y me gustaría que durante mi gestión pudiéramos vincular más a los estados”. La Ciudad de México permanecía como el principal centro de producción literaria, aunque su propia formación le había mostrado la importancia de extender esos circuitos.
“Soy producto de talleres que llegaban a mi ciudad en Nuevo León”. Desde esa experiencia, Reynosa planteó que todavía hay mucho por hacer para mantener viva la poesía, fortalecer los vínculos con los estados y ampliar el lugar de las lenguas originarias.
“Afortunadamente, ya no tenemos que pensar: ‘¿habrá algún poeta que hable un idioma indígena?’ Por supuesto que lo hay y tienen que formar parte de nuestros festivales porque son una realidad, y eso me encanta.”




