Vivir al día no es algo nuevo para millones de mexicanos que diariamente salen de su hogar para ganarse el sueldo.

Tomar el transporte público para ahorrarse la gasolina, comer en una cocina económica o preparar el café de la mañana desde casa forma parte de la rutina que buena parte de los trabajadores siguen al pie de la letra cada semana con el fin de no llegar “cortos” al fin de la quincena.
Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), al cierre de junio de este año, 60 millones 100 mil personas tenían un empleo; de ellas, 33 millones 100 mil laboraban en la informalidad y alrededor de 27 millones lo hacían de manera formal.
De ese total, según la última Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (Enoe), el 45.6 por ciento percibe como máximo un salario mínimo y 31.9 por ciento hasta dos.
Es aquí donde entra el arte de “hacer malabares” para que el dinero rinda: según un estudio de Research Land, 86 por ciento del ingreso mensual de las familias se destina al gasto corriente, es decir, la alimentación, el pago de vivienda y de servicios básicos.
Solamente un 14 por ciento del salario se va al pago de deudas, colegiaturas (en el caso de quienes tienen hijos) o se ahorra.
“Los resultados muestran que el presupuesto familiar perdió flexibilidad. Hoy, la mayor parte del ingreso ya está comprometida antes de que las familias puedan decidir en qué ahorrar, invertir o consumir”, menciona Pablo Levy, director general de Research Land.
Y el problema radica, dice el director de la agencia de investigación de mercados, en que cuando los gastos indispensables absorben prácticamente la totalidad del presupuesto de los hogares, el más mínimo incremento de precios “tiene un impacto inmediato sobre la calidad de vida”.
La presión golpea más a los millennials
El estudio El ecosistema de supervivencia financiera del consumidor mexicano, con cifras al corte del segundo cuarto del año, también revela que la presión es mayor para las personas que pertenecen a la generación X o los millennials:
“Las personas de entre 36 y 45 años destinan 55 por ciento de sus ingresos únicamente a la canasta básica”.

Research Land considera que la reducción del ingreso disponible responde, principalmente, al aumento sostenido de gastos que difícilmente pueden posponerse, pues 8 de cada 10 trabajadores incrementó la proporción de su ingreso destinada al pago de servicios y deudas respecto al año anterior, y 7 de cada 10 reportó aumentos en el costo de su renta o hipoteca.
“No observamos consumidores que gastan más; vemos hogares que destinan una proporción creciente de su ingreso a cubrir los mismos compromisos financieros. El pago de la vivienda, los servicios y las deudas redujeron el espacio que antes existía para generar ahorro o construir patrimonio”, detalla Levy.
La investigación de Research Land arroja que durante el último trimestre, 81 por ciento de los consumidores percibieron un incremento de doble dígito en el costo de su despensa.
Ante esta situación, 7 de cada 10 personas tomaron la decisión de cambiar las marcas que tradicionalmente tienen en la alacena.
“Un 85 por ciento de los encuestados da por hecho que los precios seguirán al alza, aunque la mitad de ellos anticipó que el ritmo será menor al observado en lo que va del año”.
Para ahorrar, más trabajo
Las presiones se sienten en los bolsillos o en las cuentas bancarias: el documento deja al descubierto que 81 por ciento de los consumidores consideran el ahorro como una prioridad, pero sólo 40 por ciento logra hacerlo de forma constante.
Un 39 por ciento de los consumidores guarda dinero de manera intermitente y 8 por ciento opera en un límite financiero donde su ingreso apenas cubre lo que es estrictamente básico.
Para darle la vuelta a esta situación, 40 por ciento de los encuestados dijo que buscó ingresos adicionales para cubrir sus gastos fijos; mientras que uno de cada cuatro recurrió a sus ahorros para mantener su nivel de consumo.
“El ahorro dejó de ser solamente una meta financiera; hoy es un indicador de la capacidad real que tienen los hogares para generar patrimonio”, abunda Levy.
La última prueba del año
El 58 por ciento de los consultados por Research Land afirma que enfrentará el cierre de año desde la incertidumbre o la resignación y 77 por ciento declaró una pérdida real en su calidad de vida durante el último año.
Cabe recordar que el cierre de año suele ser una de las temporadas de mayores gastos, con las compras decembrinas, en donde se incluye la cena de navidad y fin de año, los regalos de los intercambios, se cuelan los Reyes Magos y llega la cuesta de enero.
“El consumidor mexicano cierra el año agotado, no por falta de esfuerzo, sino porque ya tocó el límite matemático de sus estrategias de defensa”, concluye Pablo Levy.

Por Julio Gutiérrez



