

CDMX, 27 de feb. 2024.- El 7 de febrero de 1901, el presidente de la República Porfirio Díaz Mori, salió a los estados de Guerrero y Morelos en busca de salud y reposo; después de sus tareas de muchos años. Múltiples comentarios se crearon alrededor de este viaje en los círculos políticos.
Las finanzas bajaron 11 puntos los bonos y el 19 de marzo se tranquilizó el ambiente al regresar a México. Su descanso le devolvió energías. “Después de su estancia en el Río Mezcala”. “En Cuernavaca, sus jardines, vegetación y temperatura, le abrió sus puertas y, se instaló en la casa del gobernador, Manuel Alarcón”.
En Cuernavaca, se sentían animados, con un vigor nuevo; experimentaban la influencia bienhechora del supremo Jefe de la República, que con su sola presencia comunicaba su fuerza a todos y ese vigor se derramaba en explosiones de alegría.

“¿Has visto al señor Presidente? “¡Si, ya lo vi, ¡qué bien está, es el mismo de siempre!, se preguntaban los ciudadanos entre sí, “no parece que haya estado enfermo, decían otros” y hablan con respeto y admiración.
“La hora del regreso llegó y los habitantes en masa, se agruparon en la estación del ferrocarril para brindarle cariñosas despedidas”. Gritos de alabanza y demostraciones de admiración al mandatario, que más tarde, la Revolución lo calificó de un traidor.
Cuando se está en el poder, sobran las loas y al perder, te conviertes en el peor.



