HISTORIA Y CULTURA

Del silencio al movimiento: una danza para mirar la música de otra manera

Ver a niños sordos seguir el ritmo de una clase llevó a la coreógrafa Patricia Marín a entender desde otra perspectiva la relación entre movimiento y música.

Aquel encuentro con el trabajo de Diana Fernández, pionera de la danza terapéutica en México, fue uno de los detonantes de (Esc)afandra, creación de Danza Visual que se escenifica en el Foro Shakespeare.

“Me impactó mucho la forma en la que se comunicaba con ellos y hacía que pudieran seguir el ritmo y tuvieran la capacidad de entender la música desde otra perspectiva”, señaló Marín, codirectora de la compañía.

De esa experiencia surgió el interés por incorporar la Lengua de Señas Mexicana a la propuesta escénica. La intención era “romper las barreras de comunicación y que las personas sordas se integraran a disfrutar el arte y la cultura”.

El aprendizaje alcanzó al propio elenco. Con los años, varios de sus integrantes sumaron a su vocabulario señas para decir gracias, hola o te quiero. Ese desarrollo, “no solamente artístico, sino también personal”, es uno de los aspectos que más enorgullecen a Marín.

En escena, esa forma de comunicación adquirió otra dimensión. El proceso partió de palabras realizadas con las manos y después involucró al resto del cuerpo. “Es como si el cuerpo completo fuera una mano”. De esa exploración nacieron coreografías, duetos y solos.

Sergio, un niño sordo que tiene problemas con sus compañeros de escuela, es el protagonista. Al meterse en la tina para bañarse, termina en la Fosa de las Marianas, donde encuentra seres que al principio le parecen extraños. Poco a poco advierte que su reacción se asemeja a la que otros han tenido frente a él.

El título juega con ese escape. La idea, concebida por Leonardo Beltrán, codirector de la pieza, remite a la tecla Escape de una computadora: Sergio sale de su realidad cotidiana y se interna en las profundidades del océano.

La elección de ese entorno respondió a las peculiaridades de las especies que habitan uno de los puntos más profundos del planeta, donde no llega la luz. Marín describió peces “ciegos”, sin color, que mediante la evolución han desarrollado bioluminiscencia y son capaces de producir luz para sobrevivir en condiciones adversas.

Esa fauna, que ante “el ojo común” puede parecer “fea, diferente, rara”, permitió abordar el temor a lo desconocido. El protagonista comienza mirándola con extrañeza hasta descubrir semejanzas con aquellos seres. Para la coreógrafa, “empezar a conocer nos hace más sabios y al mismo tiempo enriquece nuestra visión del mundo”.

Uno de los pasajes reúne ópera y señas. Rogelio Marín interpreta un aria de Pagliacci como una ballena que se disfraza de tiburón para poder cantar. Cuando su identidad queda al descubierto, termina por convertirse en una de las voces más famosas del océano.

La secuencia tiene un efecto particular entre el público sordo. “Cuando la gente sorda logra entender al cantante y ver que signan no solamente las palabras, sino con la intención de la voz, hace un efecto totalmente distinto en la narrativa”, añadió Patricia Marín.

Estrenada en 2009, (Esc)afandra conserva a varios integrantes de su elenco original. Sergio Vázquez interpreta al protagonista desde entonces; Leonardo Beltrán y Rogelio Marín también permanecen en el reparto. Sobre el paso de los años, la codirectora lo resumió con humor: “Seguimos estando más viejitos, pero seguimos estando los que iniciamos”.

La temporada continuará el domingo 16 de agosto, a las 13 horas, y el día 23, a las 11:30 y 13:30 horas, en la Sala Principal del Foro Shakespeare (Zamora 7, colonia Condesa). La función está recomendada a partir de cuatro años y los boletos cuestan 350 pesos.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba