Después de tres años de experiencia, el Centro Nacional de Evaluación (Ceneval), principal entidad encargada de diseñar exámenes en México, perdió el contrato para aplicar los exámenes

El examen mediante el que la Secretaría de Educación Pública asigna las plazas o promociones de maestros se aplicó este año por primera vez de manera virtual y estuvo vigilado estrictamente por Inteligencia Artificial (IA).
Después de tres años de experiencia, el Centro Nacional de Evaluación (Ceneval), principal entidad encargada de diseñar exámenes en México, perdió el contrato para aplicar los exámenes a los maestros. Aunque contaba con los recursos técnicos y la experiencia necesaria, la Unidad del Sistema para Carreras de Maestras y Maestros (USICAMM) eligió a Cognosonline al haber ofrecido el monto más bajo.
Se trata de un contrato abierto que va desde los 159 millones 172 mil pesos para la aplicación de 157 mil exámenes hasta 231 millones 525 mil 235 pesos para un total de 390 mil pruebas. En 2025 el costo fue de 215 millones de pesos.
Los exámenes para otorgar plazas a maestros, los cuales fueron aplicados de mayo a julio, tuvieron al menos 15 mecanismos de vigilancia basados en IA, a fin de que los profesores no hicieran trampa y el examen fuera realizado por ellos.
De acuerdo con el contrato celebrado entre la USICAMM y Cognosonline S.A de C.V, en caso de no garantizar la vigilancia o incumplir el contrato, está prevista una multa de 19 millones 959 mil pesos.
Para este año, el examen de 90 preguntas de opción múltiple solamente pudo ser respondido por profesores que cumplieran con una confiabilidad superior al 95 por ciento en cuanto a validación de su identidad, tras verificar su credencial para votar, pasaporte o licencia y cotejarlo con los registros de la Secretaría de Educación Pública (SEP).

La IA cruzó automáticamente el nombre completo registrado en el sistema con la identificación física mostrada a la cámara.
Los maestros fueron vigilados de manera constante por el tiempo que duró el examen, que iba de cuatro a cinco horas. Cada 30 segundos la IA realizó detecciones automáticas del rostro de los docentes, a fin de validar que no hubo cambio de persona.
Si el algoritmo detectó que hubo un cambio del docente que aplicó el examen, el sistema marcó de inmediato una alerta de suplantación de identidad.
Para reforzar que la aplicación del examen fuera a solas, la cámara web, apoyada por la inteligencia artificial, identificó la presencia de terceros o acompañantes en el entorno del maestro. Si alguien ingresó a la plataforma, lo registró como conducta sospechosa.
También fue clave que el profesor no se levantara de su silla. Cualquier ausencia o abandono temporal, ya sea por unos segundos, debió ser detectado y cronometrado automáticamente por la plataforma.
Además puso especial atención en el lenguaje corporal sospechoso, no sólo en una imagen o persona estática. Tuvo que alertar de movimientos raros, sospechosos o repetitivos.
Detectó objetos prohibidos a través de la cámara. La IA debió reconocer si un maestro tenía un teléfono, celular, audífonos, tabletas o chícharos auditivos cerca de él, razón para cancelarle el examen.
Asimismo, el sistema de aplicación inhabilitó la posibilidad de usar monitores múltiples o cualquier tipo de proyección de pantalla hacia dispositivos inteligentes internos.
También restringió cualquier aplicación externa, es decir, no se podían abrir otros navegadores, herramientas de mensajería o procesadores de texto.
ChatGPT también fue vetado de este examen. El sistema bloqueaba su uso y el de cualquier IA en la computadora. Bloqueó también combinaciones de teclas que permitían realizar capturas o grabaciones de pantalla, para impedir que las preguntas y respuestas fueran filtradas por los docentes.
El examen era vigilado por un panel de control en tiempo real, donde supervisores humanos veían el listado de los maestros con conductas sospechosas. Podían acceder a sus cámaras y micrófonos en vivo para documentar las trampas.
El sistema tenía “oídos”. El software capturaba fragmentos de audio del entorno del maestro automáticamente si detectaba ruidos extraños.
Aunque la IA fue la principal supervisora, esta tecnología no podía cancelar los exámenes. El caso primero tenía que pasar por un supervisor, quien establecía comunicación directa con el maestro que posiblemente incurría en trampas.
Luego, con ayuda de Congnosonline y pruebas que la empresa brindaba como capturas de pantalla, alertas, videos y audios grabados de las irregularidades, el supervisor integraba el expediente.
Sin embargo, la última decisión la tenía la USICAMM, la cual analizaba el expediente y determinaba o no la cancelación del examen en línea. Esta tarea y la verificación del cumplimiento del contrato está a cargo de José Ortega Sánchez, director de Administración y Finanzas de la Unidad.

Por Rafael García



