Durante décadas, arqueólogos e historiadores habían intentado localizar el asentamiento

Los restos de una aldea indígena de finales del siglo XVII fueron descubiertos en el valle de Cocóspera, en la sierra de Sonora, entre Ímuris y Cananea. Durante décadas, arqueólogos e historiadores habían intentado localizar el asentamiento de los pimas himeris que vivieron en la zona durante los primeros años de la presencia jesuita.
La aldea fue encontrada a unos 100 metros de la Misión de Nuestra Señora del Pilar y Santiago de Cocóspera, fundada por Eusebio Francisco Kino en 1687. Ocupaba al menos 800 metros cuadrados y permaneció cubierta por un mezquital durante más de 300 años.
Los arqueólogos identificaron casas de adobe, espacios de reunión y viviendas temporales. Las construcciones combinaban técnicas hispanas con formas de organización indígena: algunas tenían muros de adobe hechos con molde, pero conservaban el fogón en el centro de la vivienda.

En el exterior aparecieron 20 hornos con restos de vacas, cerdos, ovejas, venados, perros, gallinas, guajolotes, burros y caballos. También se encontraron maíz, amaranto, cactus y quelites, así como cuchillos metálicos y de piedra.
Entre los materiales recuperados hay numerosas puntas de flecha y ornamentos hechos con conchas del Golfo de California. Estos objetos fueron utilizados al mismo tiempo que cruces y medallas cristianas, una convivencia que permite observar cómo los habitantes mantuvieron parte de sus prácticas mientras incorporaban elementos introducidos por los jesuitas.
El asentamiento fue localizado fuera de la zona protegida del conjunto misional, en un terreno afectado por obras realizadas a mediados del siglo XX.

Fuente EL HERALDO DE MÉXICO



