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La Casa Azul dedica su tradicional ofrenda de muertos a Guillermo Kahlo

El fotógrafo Guillermo Kahlo (1871-1941) compró la Casa Azul en 1904, en el entonces poblado de Coyoacán. Ahí crio a la familia que formó con su segunda esposa, Matilde Calderón, que incluyó a la pintora Frida Kahlo (1907-1954). A 155 años de su nacimiento y a 85 de su muerte, el Museo Frida Kahlo (MFK) le dedica su tradicional Ofrenda de Día de Muertos, mediante un acercamiento a los objetos que formaron parte del espacio familiar.

La propuesta curatorial de la ofrenda parte de imágenes y materiales relacionados con la práctica fotográfica de don Guillermo; es decir, una reproducción de la cámara que utilizaba, retratos familiares y personales en diferentes momentos de su vida, y registros de arquitectura. El recorrido incorpora también ejemplos de la correspondencia entre padre e hija. En las misivas se deja ver el afecto, el humor y la cercanía que existía entre ambos.

Dadas las fechas conmemorativas, a Perla Labarthe, directora del MFK, le pareció un buen momento para colocar a Guillermo Kahlo en el centro de la ofrenda y recordarlo no sólo como una figura paterna, sino como el gran fotógrafo que fue: “logró captar muchos de los monumentos y edificios de relevancia de finales del siglo XIX. Gracias a su lente, muchos quedaron inmortalizados. Tratamos de recuperar esta gran habilidad que tenía para encontrar armonía, simetría; es decir, repeticiones en sus imágenes”.

Otro aspecto a destacar es “la influencia que tuvo en su hija. Gracias a su padre, Frida se interesó en muchos temas que la acompañaron toda su vida: el amor por la historia de México, la filosofía y la arqueología. Al tener la oportunidad de viajar por el país para capturar las fotografías encomendadas con motivo del centenario de la Independencia, pudo conocer México de una manera que transmitió a sus hijas. Ese amor por el país es palpable en su obra y en su casa. Para el MFK, las ofrendas son una oportunidad para acercarnos a una figura relacionada con Frida, para entenderla mejor y profundizar en su obra”, señala Labarthe.

La ofrenda comprende también referencias a sus habilidades de dibujante y acuarelista, así como un mapa de Alemania, de donde procedía. Destaca su gusto por el café, el chocolate y el ajedrez. El altar se divide en siete niveles: desde abajo, lo sagrado, las ánimas, la purificación, el alimento, los recuerdos, la memoria y el descanso.

Carl Wilhelm Kahl, su nombre de pila, llegó a México en 1891, donde cambió su nombre y se naturalizó mexicano tres años después. En 1895 se casó con María Cardeña, quien murió en el parto de su tercera hija. Esa misma noche pidió a Antonio Calderón la mano de su hija Matilde, una compañera de la joyería La Perla donde trabajaba, como comentó su hija Frida.

Su suegro era fotógrafo. Matilde Calderón persuadió a su marido para que se dedicara a la fotografía. Según Frida, su abuelo prestó una cámara a su padre, “y lo primero que hicieron fue partir en un viaje alrededor de la República mexicana. Produjeron una colección de fotografías de arquitectura indígena y colonial, y regresaron a instalar su primer taller en la avenida 16 de Septiembre”, recoge Hayden Herrera en la biografía de la pintora.

Las imágenes fueron comisionadas por José Ives Limantour, secretario de Hacienda en la presidencia de Porfirio Díaz, y eran para ilustrar una serie de publicaciones para celebrar en 1910 el centenario de la Independencia mexicana. El trabajo tardó cuatro años en completarse. De 1904 a 1908, al utilizar cámaras hechas en Alemania y más de 9 mil placas de vidrio que él mismo preparó; don Guillermo registró el legado arquitectónico del país y se ganó el título de “primer fotógrafo oficial del patrimonio cultural de México”.

La ofrenda a Guillermo Kahlo se ubica en la antigua terraza de la Casa Azul (Londres 247, colonia Del Carmen), donde permanecerá hasta el 15 de noviembre.

Por Merry Macmasters

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