El indómito pueblo guachichil fue uno de los combatientes más implacables contra el dominio español en el norte del país durante la naciente colonia. A finales del siglo XVI se logró un acuerdo de paz con el virreinato de la Nueva España, que fue traicionado posteriormente mediante la persecución, el hostigamiento a su lengua y la venta como esclavos de muchos de los integrantes de esa nación indígena, hasta que se le consideró desaparecida.

El indómito pueblo guachichil fue uno de los combatientes más implacables contra el dominio español en el norte del país durante la naciente colonia. A finales del siglo XVI se logró un acuerdo de paz con el virreinato de la Nueva España, que fue traicionado posteriormente mediante la persecución, el hostigamiento a su lengua y la venta como esclavos de muchos de los integrantes de esa nación indígena, hasta que se le consideró desaparecida.
El texto consigna que el pueblo guachichil tenía como territorio “el llamado Gran Tunal, el altiplano de San Luis Potosí y, en su andar, llegaban al sur de Coahuila y el norte de Guanajuato. Eran temidos por los más agresivos. Se considera que se extinguieron en fecha no determinada”.
Alejandro Guzmán comentó que las fechas de existencia de este grupo en la región varían desde 200 años antes de nuestra era hasta el siglo X, aunque el también músico consideró correcta la primera datación, “si se toma en cuenta el desarrollo de la lengua, que puede ser un indicador de estancia en algún sitio”.
Afirmó que este pueblo no era seminómada, como se ha dicho, sino itinerante, lo que significaba que sus integrantes buscaban el sustento en diferentes lugares establecidos a lo largo del año. “Unos andaban en la caza, otros iban a las tunas en el mes de julio o recolectaban la vaina del mezquite en octubre”. Tenían una organización política basada en sus rancherías, controladas por un cacique y divididas en células que se llamaban parcialidades. Además, “eran matriarcales. Había mujeres guachichiles guerreras, líderes, capitanas al mando de rancherías”.
La denominación propia de esa comunidad se perdió con el tiempo, aunque podría haber significado algo como “gente del desierto rojo” o “gente roja”, explicó.
El idioma guachichil, al igual que el pueblo, fue considerado extinto por la ausencia de hablantes con dominio pleno de la lengua. Por ello, Guzmán, quien se identifica como guachichil, y un grupo de personas laboraron en su recuperación. De unos 10 vocablos aceptados al principio de su indagación, ya se tienen unos 400, algunos de los cuales ya cuentan con traducción.
El olvido de la lengua guachichil ocurrió porque durante el virreinato se persiguió a sus hablantes y éstos, como estrategia de supervivencia, dejaron de usarla y adoptaron el náhuatl, en un entorno donde había una comunidad de origen tlaxcalteca. La pérdida del guachichil significó también la desaparición de parte de su historia y tradiciones, cuya transmisión era oral.
Con la finalidad de encontrar palabras en guachichil, consultaron documentos antiguos, por ejemplo, actas de nacimiento de iglesias muy antiguas del municipio de Charcas y del barrio de Tlaxcala, en San Luis Potosí, zonas que tuvieron población guachichil, así como documentos de otros estados. Ahí aparecen los nombres de las personas y su adscripción como “indio guachichil” u otra denominación. Los vocablos también se han hallado en libros de historia antigua.
La recuperación inició en 2017. Desde entonces, se descubrió que el guachichil pertenece a la familia lingüística taracahíta y tiene una estrecha relación con el rarámuri y el cahíta, lo que concuerda con lo que propuso a partir de los años 60 del siglo pasado el lingüista Mauricio Swadesh, pues todas estas lenguas se han relacionado con la familia yuto-nahua. Se revisaron artes de lengua indígena (gramáticas) realizadas por frailes para comparar las palabras que se hallaron.

La investigación de Guzmán Moreno y su esposa, Mayra Patricia, ha recibido algunos apoyos de Eduardo Reyna Axolohua, gobernador pluricultural indígena de San Luis Potosí, así como de Janet Flores, Diana Tlazonteotl, Gabriel Sánchez, Gustavo Martínez y José Juan Carrillo.
Guzmán expuso: “se tuvieron buenos resultados. Se descubrió que de ahí parte la lengua guachichil y que es rescatable, porque con la posibilidad de descifrar muchas palabras que tenemos también pudieron formar nuevas. Por lo pronto, se han estado tomando vocablos de otras lenguas, como el rarámuri o el cahíta, que han sido de mucha utilidad para el pueblo guachichil”.
La esperanza para la reconstrucción total del idioma es que se encuentre un arte de la lengua guachichil aún desconocido, recogido por algún fraile.
Para reconstruir la cultura guachichil debe separarse de la influencia náhuatl. Así, se recupera la vestimenta y las celebraciones de equinoccios y solsticios, por ejemplo, en Joya Honda, San Luis Potosí, y otros sitios rituales antiguos donde aún se hacen ceremonias, como en la Sierra de San Miguelito, donde se realiza la danza del sol.
Por otra parte, está la música original guachichil. Guzmán Moreno realizó piezas para el corto de ficción Cruces, de Sebastián Rodríguez, a partir de la influencia de sonidos e instrumentos de piedra y otros que se utilizaron en la antigüedad en el norte de México.
El investigador Homero Adame y cronista del desierto registró parte de la mitología, historia y tradición guachichil en varios libros.




