
A sus 32 años, Erick Alberto utiliza la banca digital casi todos los días, tiene pleno conocimiento de que la institución financiera en la que tiene sus recursos trabaja con Inteligencia Artificial (IA) para hacer millones de operaciones y se dice entusiasmado por lo que viene en el futuro.

“Sé que la mayoría de los bancos ya usan IA. No me gusta ir a las sucursales, prefiero mil veces solucionar cualquier tema por la aplicación; de hecho, me da coraje llamar y que me manden a una sucursal. Diario hago movimientos en la app, ya es parte de mi vida, y me gusta que usen la herramienta, aunque están todavía en desarrollo”.
Blanca Silvia, de 82 años, es su abuela y piensa lo contrario: desconoce que los bancos ya usan IA, prefiere ir a una sucursal antes de interactuar con la aplicación de su banco y las nuevas tecnologías simplemente no le dan confianza.
“No tengo conocimiento de que mi banco use IA. Prefiero ir a una sucursal ya que me da temor usar y equivocarme en las aplicaciones bancarias. Uso servicios financieros 3 o 4 veces al mes y, la verdad, no me da confianza que los bancos tengan y usen IA, no tengo idea para que fin la ocupan”.
La digitalización de la economía y los servicios bancarios, así como la incorporación de la IA a la vida cotidiana puede dejar rezagada y excluida a las personas de la tercera edad, el grupo que representa el 15 por ciento de la población mexicana —según el Inegi—, confirman especialistas e instituciones bancarias en una serie de entrevistas realizadas por La Jornada.
El problema se hace más grande si se considera que las nuevas tecnologías hacen más vulnerables a que este grupo de la población caiga de forma más rápida en fraudes financieros, señalan especialistas en ciberseguridad.
Una alerta latente
El presidente de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), Oscar Rosado Jiménez, planteó el problema:

“Un riesgo que está en el ambiente es la IA y la gran tentación de querer resolver todo por esa vía porque puede generar mecanismos de exclusión, no con el público joven, sino con la población adulta mayor. Hablamos de más de 15 millones de mexicanas y mexicanos que pueden padecer un mecanismo de exclusión con este entorno digital”.
Y ese planteamiento es respaldado por Jorge Sánchez Tello, consultor sinior del sector financiero:
“Los adultos mayores son el grupo de edad más vulnerable a quedar excluidos, rezagados y ser víctimas de más fraudes ante la digitalización masiva de los servicios financieros, sin duda.
“Desde la perspectiva económica, la banca persigue eficiencia y menores costos al digitalizar sus procesos, pero en ese camino ha desmantelado ventanillas y atención presencial. Esta transición forzosa traslada el costo operativo y el riesgo de seguridad al eslabón más débil: un segmento poblacional que enfrenta interfaces hostiles y queda atrapado en una severa asimetría de información frente a los canales digitales”, dijo Sánchez Tello.
Riesgos detrás de la pantalla
Los riesgos no terminan con la exclusión y el rezago al que se enfrentan las personas de la tercera edad con la llegada de las nuevas tecnologías.
David González, investigador de seguridad informática de Eset —firma especializada en ciberseguridad— señala que la menor familiaridad con las aplicaciones, la dificultad para distinguir mensajes legítimos de falsos y el hecho de que este grupo de la población confía en quienes aparentan ser ejecutivos y terminan por cometer fraudes, convierten a los adultos mayores en uno de los grupos más atractivos para los ladrones digitales.

Por Julio Gutiérrez



