Las campañas de comunicación sobre la amenaza inminente de la tecnología buscan justificar el alza en los costos de suscripción y servicios digitales, a pesar de que los datos prevén una creación neta de puestos de trabajo

La inteligencia artificial se ha convertido en un tema central de debate en el entorno profesional, donde diversas voces advierten sobre una supuesta amenaza para la estabilidad laboral. Sin embargo, desde la perspectiva de la mercadotecnia posmoderna, este fenómeno es analizado como una estrategia de relaciones públicas diseñada para generar incertidumbre y elevar los costos de los servicios tecnológicos a nivel mundial.
De acuerdo con datos del Foro Económico Mundial, citados en el informe sobre el futuro del trabajo, la evolución tecnológica no representa un escenario de pérdida absoluta de plazas laborales. Por el contrario, las proyecciones indican una transformación en la estructura del mercado, donde la creación de nuevos puestos compensará el desplazamiento de otros.
El World Economic Forum en su Future of Jobs Report estima que se crearán 170 millones de nuevos empleos y se desplazarán 92 millones resultado de lo mismo. Realmente va a crear nuevos empleos.
Esta visión sugiere que, aunque ciertos roles serán sustituidos por la automatización, la capacidad humana para dirigir estas herramientas sigue siendo el factor determinante. La clave, según el análisis, reside en mantener el control sobre las instrucciones y coordenadas que se le proporcionan a los sistemas inteligentes.

La monetización del temor a la inteligencia artificial
El discurso sobre el desplazamiento masivo de trabajadores es señalado como una táctica para capitalizar el temor de las empresas y los usuarios. Al instalar la idea de que la inteligencia artificial es una amenaza inminente, las marcas logran justificar incrementos en los precios de sus servicios y suscripciones.
«Realmente estas campañas de que nos va a matar la inteligencia artificial es un poquito para generarnos miedo e incrementar el costo. Es una campaña de relaciones públicas a nivel mundial».
El fenómeno se extiende a la adopción de herramientas cotidianas, donde la necesidad de facturar y monetizar el uso de estas tecnologías impulsa narrativas que priorizan el miedo sobre la utilidad real.La IA no es panacea ni verdugo para la humanidad
«Lo que usan, cuando lo usas para responder tus llamadas en WhatsApp y todo eso, tienen que paguemos suscripciones y todo. Quieren ya sacar la facturación».
En conclusión, la inteligencia artificial se posiciona como una herramienta de cambio que, lejos de ser una panacea o un fin definitivo para el empleo, está siendo utilizada como un vehículo para el posicionamiento comercial de las grandes marcas del sector tecnológico.

Por PACO SANTAMARÍA



