HISTORIA Y CULTURA

Voces vivas: 800 niños y jóvenes salvan historias y culturas originarias

Oaxtepec, Mor. Un dinámico mosaico de artes escénicas del país, con la participación fundamental en 17 lenguas originarias, surgió ayer durante el ensayo general de Voces vivas, salvando al fuego. Más de 800 niños y jóvenes desarrollaron el espectáculo, donde se mixtura música, canto, danza y la palabra de varias de las culturas nacionales, y se presentará el próximo sábado en el Zócalo capitalino.

La dramaturga Jesusa Rodríguez, directora escénica de esta propuesta de la Secretaría de Cultura (SC), describió a los jóvenes artistas –provenientes de 183 Semilleros Creativos de 28 estados, escuelas participantes en el Plan Michoacán y el Instituto Nacional de Pueblos Indígenas (INPI)– como el “corazón de México”.

En un escenario del Centro Vacacional IMSS-Oaxtepec se mostró parte de la riqueza cultural del país por alrededor de hora y cuarto, en la entusiasta capacidad escénica de artistas provenientes de gran parte del territorio nacional, basada en una narración unificada por el poeta Mardonio Carballo, a partir de los imaginarios de niños, que fueron recolectados por el INPI.

Ante Claudia Curiel, titular de la SC, Rodríguez explicó que es gracias a la presidenta Claudia Sheinbaum, quien “ama a los niños y niñas indígenas, que nos permite hacer este encuentro tan hermoso”; destacó que “Voces vivas se origina en la defensa de las lenguas originarias”.

La llamada Fiesta de las Culturas Comunitarias 2026 amplía el espíritu del magno programa artístico precedente Tengo un sueño, ahora con el énfasis de las lenguas y culturas indígenas.

Relatos de las infancias y adolescentes

La también actriz Jesusa Rodríguez detalló que Voces vivas: salvando el fuego cuenta una historia que “construyeron los niños de las casas comedor del INPI. Trabajaron todo el año, nos mandaron sus ideas, sus textos, los mitos de sus abuelos, lo que pensaban de cada tema y nos vinieron a entregar unos escritos maravillosos”.

El libreto, continuó la artista, “es una historia hecha en milpa, en comunidad, en colectivo. Verán las capacidades de escritura que tienen nuestras niños y niñas indígenas”. Remarcó que lo más importante es el trabajo alrededor del INPI y en Semilleros Creativos, “que puede cambiar la realidad de base de un país”.

En el escenario, los motivos del fuego y la migración dieron pie a una colectividad juvenil y artística que al mediodía exhibió su desarrollo en la expresión. La puesta en escena tuvo como figuras protagonistas a una mariposa y un tlacuache en la aventura de recuperar la llama de la esperanza, pues como se dijo, “en las cuatro esquinas del mundo, la humanidad ha perdido el respeto al fuego”.

La escenificación construye una épica optimista, donde el marsupial desciende al abismo para recuperar el elemento básico en la cosmogonía de muchas culturas del mundo. Los participantes muestran el periplo en el cosmos, como explorando nuevamente el movimiento del universo, y la música de estas esferas.

Una orquesta del Sistema Nacional de Fomento Musical, conformada por intérpretes desde la década de edad hasta jóvenes adultos abren el espacio mítico donde un conjunto de seres deciden en asamblea la resolución de una crisis. Cuentan el origen de la flor del fuego en un tiempo arquetípico. Remarcan: “el fuego es sagrado y los hombres se burlaron de la lumbre”.

Se involucran jóvenes danzantes desde una expresión casi plástica de la historia, mientras recorren los confines del universo, y se escuchan variedad de lenguas mientras se acompasan los bailes. Lucen indumentarias tradicionales de cantidad de lugares del país y con ellas la danza y la expresión teatral.

Más atrás, los integrantes de los coros se ven imbuidos del espíritu festivo o solemne de la presentación y levantan brazos, giran caderas. Todo es movimiento y sonido armoniosos. Circularidad entre los conjuntos de bailarines, hay dinamismo y vida. La música alienta, alimenta y explica la sucesión de culturas reconocibles. El idioma español y el cosmos de frases en variados idiomas. Se oye maya, purépecha, zapoteco y una docena más.

Están también policromía de tonos, las faldas coloridas, los diseños exclusivos de alguna región, los huipiles vistosos, huaraches, tenis, botines, sombreros en sus múltiples posibilidades y atavíos diversos. Los coros irrumpen con viveza. Vierten paz o impulsan con dulce voz la danza, que se vuelve celebración y encuentro.

Las mariposas-niños giran potentes, etéreas. Actúan en común, sobreviven en el vuelo múltiple, como apenas hace unos días la migración de estos lepidópteros empezó su arribo a México para pasar el invierno. En pos del bienestar colectivo se escucha que le hablan a éstos seres: “nunca te rindes hasta cumplir tu camino”.

Los niños vuelven a contar el mundo, inclus0 de una fresca y nueva manera. Parecen referir y encarnar casi con magia su memoria la multiplicidad del país, ahora evocan un río, la vegetación la montaña danzando al viento.

Son también fauna medrando, en un orden que llama a la festividad y la vida. Son expresión votiva y en sí mismos, la posibilidad del mundo. Son la variada potencia del canto. Y el claro ejemplo del vínculo de la danza entre la aérea mariposa y el terrestre tlacuache, quien solicita: “Si me dices que es la alegría te ayudo a conseguir el fuego”.

El director de orquesta Roberto Rentería, director del Sistema Nacional de Fomento Musical, expresó a La Jornada su reconocimiento a esta “experiencia maravillosa”, en la que estuvo al frente de 170 niños y adolescentes de Semilleros de música tradicional mexicana.

Añadió: “juntar a todos estos jóvenes para hacer una única música es un enorme reto, sobre todo, porque cada uno de ellos viene con una idea diferente de acuerdo con la tradición; la forma en como se toca en su comunidad, en su región. Tratar de hacer una interpretación única es un proceso muy complicado, pero también muy enriquecedor”.

El espectáculo será a las 7 de la noche y el acceso, a las 17 horas.

Por Reyes Martínez Torrijos, enviado

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