CINE, MÚSICA, TV Y ESPECTÁCULOS

Producir cine se ha abaratado y permite crear más comunidad local: Sebastián Rodríguez

El lenguaje audiovisual contemporáneo rebasó al cine: “hay muchas películas cuyo montaje y edición beben mucho de lo que hay en plataformas como TikTok, YouTube, etcétera”, dijo el cineasta Sebastián Rodríguez Rivera, a propósito de su libro El laberinto en la mirada: Ensayos sobre cine (Tipografía de Letrán).

En entrevista con La Jornada, el ensayista reflexionó: “tenemos una relación con las imágenes distinta a la de hace 20 o 30 años por la inmediatez de acceso, la democratización –casi cualquiera puede hacer cine si le dedica el tiempo porque no es muy caro– y la interactividad”.

Agregó que “en el cine autoral, para resistir al streaming y al algoritmo, otra cosa muy interesante es el lado bueno de esta democratización y masificación que ha tenido ese medio: se ha abaratado la producción y eso permite que se pueda hacer mucho cine desde las periferias”.

Las imágenes en movimiento, “si son analizadas y estudiadas, se pueden integrar en una ficción o en un discurso fílmico de formas muy interesantes, como en literatura hacían muchos escritores con novelas epistolares que replican la forma de esa comunicación escrita”, refirió Sebastián Rodríguez.

Contó que cineastas como Michael Haneke, aunque antes debió haber otros, incluyen secuencias filmadas con celular. “Esa es una tendencia del cine contemporáneo atractiva porque juega a integrar el lenguaje cotidiano de habitar las imágenes que tenemos, pero en un discurso más amplio y elaborado”.

“Lo local puede combatir el streaming centralizado”

El también profesor de la Escuela Nacional de Artes Cinematográficas mencionó que ha aumentado el número de personas que hacen cine más allá de las capitales: en su natal San Luis Potosí, pasó de unas 100 a alrededor de 550. “Se han hecho muchas producciones en los últimos años, no sólo de grandes productoras de Ciudad de México o Estados Unidos que van al estado, sino producciones locales que cuentan historias locales”.

Refirió que también “han surgido más festivales de cine y, en ese sentido, lo local puede combatir mucho el streaming centralizado, porque siempre va a hablar de una experiencia particular que la gente del entorno inmediato puede relacionar, aunque sea una fantasía”.

El cine, de acuerdo con el realizador, tiene “esa fuerza de hacer comunidad, y lo que habría que aprovechar de nuestro tiempo actual es esta facilidad de hacer cine ‘local’ que construya más comunidad local, algo que puede ayudar ante la erosión de la sociedad en el sistema contemporáneo capitalista que sigue los preceptos de la modernidad”.

Entre los temas de El laberinto en la mirada se encuentran el cine y su relación con la arquitectura, el videojuego y la literatura, así como las transferencias estilísticas que recibe. Aborda el cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, de Jorge Luis Borges, base de la tesis de Sebastián Rodríguez Rivera.

El autor comentó que desde pequeño lo obsesiona “la inmersión en los mundos ficticios. Decía Borges que a los humanos nos gustan las ficciones porque tienen la simetría de la que carece el mundo real.

“De mis intereses en el libro, uno que está muy patente es mi gusto por la ficción medieval. Hay dos reseñas de dos películas: El hombre del norte, de Robert Eggers, y Excalibur, de John Boorman. Son muy distintas en su acercamiento estético, porque si bien están muy estilizadas, la primera película es muy sobria, pero Excalibur es expresionista a tope.

“Estos mundos antiguos tan lejanos a la cotidianidad me resultan atractivos; tanto, que he buscado replicarlos en mi obra. En mi cortometraje Tlön, que se estrenó el 3 septiembre en el Festival de Cine Independiente de la Ciudad de México, hice recreación de época, fue bien padre: en 16 milímetros, con vestuarios de los años 30 del siglo pasado, y actores argentinos que habitaban en Ciudad de México y me los llevé a San Luis Potosí a filmar.”

Rodríguez Rivera destacó que hoy la gran fuerza del cine es la que tiene desde sus inicios, con la variación de un desarrollo evolutivo: “es lo más cercano que tenemos a objetivar sueños. Cada quien sueña de forma individual, pero el cine te permite hacer un discurso audiovisual objetivado”.

Concluyó: “compartir un sueño es un asunto bien fuerte. No en balde La Odisea, de Christopher Nolan, por ejemplo, haya gustado o no, generó debate y fue un objeto cultural que, en esta época tan fragmentada por la facilidad de comunicación, sigue dando un algo común”.

Por Reyes Martínez Torrijos

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